miércoles, 30 de septiembre de 2009

LA LLOVIZNA COMO IDENTIDAD

Mi apego por las ciudades (sinónimo de mujer) no depende del tamaño de las mismas. Cultivé cada rincón de la mía como si fuera ese descote que con toda intención deja aparecer la nada ingenua muchacha cuando quiere ser notada sin llamar mucho la atención. Aprendí eso caminando por las estrechas calles de la pequeña urbe bañada por la tristeza y el azul. Esa costumbre me acompaña hasta hoy. Nadie me enseñó a amar porque cada uno tiene su manera particular de hacerlo y gracias a eso y al grisáceo destierro supe que siempre hay más de una capital para llamar de mía.
Algunas son como los amores a primera vista, provocan un fuego interior que solamente consigo calmar (ese es el verbo exacto porque un pasión nunca se apaga) después de poseerla. Con otras necesito convivir un tiempo para descubrir que muchas veces la belleza está en los pequeños detalles que pasan desapercibido. Soy un ser irracional en la eterna búsqueda de la grandeza, lo que me impide ver más allá de mis deseos; hasta el justo momento donde el tiempo ya hizo su faena y encuentro en ella lo que ayer era imposible.
Vivo en Brasilia, y aquí el reloj es ineludible para amarla. Mi primera impresión fue de un Alamar moderno, pero sin embrujo ni mar (solamente quien está lejos del Caribe sabe cómo duele su ausencia). Con sus bloques uniformes de cemento armado que confunden al peregrino de primer viaje y su arquitectura modernista, huérfana de esquinas (el mayor símbolo urbano). El único patrimonio de la humanidad construido totalmente en el siglo XX. Recuerdo que mi primer sentimiento al salir del aeropuerto no fue más allá de saberme libre de la prisión tropical, no despertó el ímpetu arrollador causado por la mayor metrópolis de América Latina.
Muchos que conocen San Paulo me preguntan: cómo puede gustarte esa ciudad donde caben veinte Habanas y la vida no para. No entienden que lo importante es su pulso, la temperatura de sus calles y fundamentalmente la noche (que debía ser eterna), lo de menos es la cantidad de personas que caben en una hora de metro. Hasta hoy no he olvidado la primera vez que recorrí sus arterias. Mi documental “O Comendador” estaba participando del “12º Festival Internacional de Cortometraje de San Paulo” en el Museo de la Imagen y el Sonido (MIS). Y desde el primer instante sentí esa sensación extraña de que ya conocía el lugar, era como si en otra vida hubiera vivido allí (aclaro que no soy espirita ni practico ninguna religión, mi Fe es muy limitada al igual que mi formación religiosa y espiritual, nací en un país que por más de 20 años prohibió cualquier culto que no fuera político), pero eso se escapa del tema. Lo cierto es que me sentía parte de esa organizada locura y tuve hasta el atrevimiento de llamarla mía.
Toda ciudad tiene una cara, una identidad, algo que la hace única, un barrio especial. En Sampa son muchos, como no puedo hablar de todos, escogeré el que más me gusta: el tradicional barrio italiano Bixiga. Donde se experimenta la mejor comida de la capital, poblado de caserones del siglo pasado restaurados y pulcros dando la impresión al visitante que el tiempo se detuvo en esa parte de la metrópolis. Sus tabernas llena de contadores de historia (nada más parecido a un cubano que un italiano) son únicas, junto al museo dedicado a su hijo más ilustre Adoniran Barbosa. Imprescindible compositor, cantante y sobre todo bohemio paulistano que con sus canciones consiguió desnudarla de manera insuperable, sus letras nos exponen el rostro más íntimo de la gran urbe, son el mejor retrato de sus habitantes. Con su voz rasgada, su típico sombrero y su corbata mariposa, todo un personaje, sin duda ninguna San Paulo tiene su cara y cabe por entero en su poesía.
Sí se quiere penetrar en el alma del paulistano es indispensable escuchar su música, poco importa si en su voz o en la de Los Demonios de la Llovizna. Sampa no sería la misma sin sus canciones y el lugar ideal para eso es el bar Brahma en Ipiranga y San João, a partir de las 2 de la tarde de cualquier domingo acompañado de la mejor cerveza del país.
Éste penúltimo viaje (espero que hayan más) me hospedé en el centro, corazón de toda ciudad, es ahí donde sucede la vida y realmente se descubre cómo funciona. La rapidez de su habitantes por miedo a que no alcance el día contrasta con su calma de del fin de tarde-noche en bares, restaurantes, discotecas, etc. Todos llenos como si ella terminase en donde empieza la noche. En ese momento la prisa no pasa de tomar el próximo trago, porque en ese instante el mañana es una buena cerveza.
Sus moradores coquetean con la metrópolis como si fuera la mujer que tanto aman. La poseen hasta el último sorbo. Pocas veces vi personas leyendo en el metro, ómnibus o parques de grandes capitales, al contrario de aquí donde el sol insiste en esconderse atrás de los edificios y la lluvia. Dentro del escandaloso andar de la multitud en el subterráneo metropolitano que transporta más de 8 millones de pasajeros en horarios críticos es común encontrar alguien sumergido en un libro sin incomodarse con la ruidosa compañía en un territorio inundado por la sed de conocimiento, por la ansiedad de saberse dentro de una espacio donde se tiene la impresión que el reloj no alcanza
Todo extranjero sueña Brasil-Río de Janeiro con su famoso carnaval preparado para exportación, con su deslumbrante naturaleza, paraíso y deseo de cualquier foráneo, yo no (quizás porque cada día me siento más de aquí a pesar de pensar tanto en aquella de los con-ciertos belicosos), con su fama de farandulera nunca consiguió cautívame como la ciudad de pupilas despiertas. Soy un animal eternamente citadino y la tierra de la llovizna me proporciona el paisaje de concreto tan añorado, con su vida tan peculiar y su capacidad de almacenar cualquier tipo de sueños.

15 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho ver tu ciudad a través de tus ojos.

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  2. No sabia que San Paulo era tan grande.

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  3. Qué lindo eso de que las ciudades son sinónimo de mujer... me encanta!
    Un beso, Azu.

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  4. Mi querida Odette nada es tan intrigante como el alma femenina ni tan ardiente como su cuerpo cuando está lista para amarnos por eso veo a las ciudades como mujeres.
    Vero espero que algún día la veas por los tuyos. Besos para las dos.

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  5. tremendo, si vas a Paris te pierdes, no lo digo por el glamour salido de la publicidad, sino por esa magia que encierra su gente altiva y su historia increible.
    "Saopaulo es un laberinto encantado que nunca terminas de entender, ni de admirar."
    Oracio Quiroga.

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  6. AZUQUITA QUERIDO. GRACIAS POR REGALARNOS ESA CIUDAD, TAMBIEN AHORA TUYA.
    COINCIDO EN QUE EL MAR ES UN MONSTRUO GRANDE Y PISA FUERTE, COMO LA CANCION. QUIEN LO HAYA DISFRUTADO DIA TRAS DIA NO PUEDE ZAFARSE DE SU MAGIA, DE SU EMBRUJO Y MUCHO MENOS SI ESE MAR ES DEL CARIBE, POR LA LUZ, POR EL COLOR CAMBIANTE, POR EL OLOR A SALITRE PROFUNDO Y HUMEDO. TE ASEGURO QUE NO TODOS LOS SALITRES, NI TODOS LOS MARES SON HUMEDOS. SI LO SABRE YO!
    MI MEXICO ES UN SITIO EXCEPCIONAL. DICEN QUE ES LA MAS POBLADA DE TODAS LAS CIUDADES DE DE LA ALDEA TIERRA. YO SUELO LLAMARLA LA CIUDAD INFINITA. TIENE BARRAIDAS, ESPACIOS, COLONIAS, DIRAIN ACA, DE UNA BELLEZA IMPRESIONANTE. EL CENTRO, AHORA RECUPERADO, ES SENCILLAMENTE APABULLANTE DESDE LA HERMOSURA DE SUS EDIFICACIONES COLONIALES Y ALGUNAS RUINDAS DEL GLORIOSO PASADO AZTECA QUE ASOMA EN UNO Y OTRO PUNTO. YA TE CONTARE MAS ALGUNA VEZ. SOLO QUE NO ESTA EL MAR...
    OMAR MEDEROS

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  7. Estimado Javier,
    Me encanta saborear tu prosa tan poética.Tu estilo es deliciosamente tuyo.Gracias por participármelo.
    Un abrazo,
    José

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  8. Realmente São Paulo es todo eso y un poco más.

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  9. Me gustaría mucho conocerla después de loque escribiste, sabes que desde Alemania es verdad que solamente conocemos Rio de Janeiro, después de tu escrito me parece más interesante San Paulo

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  10. Excelente el recorrido paulista Azuquita, tus palabras le dan un encanto muy especial a un ciudad que al primer golpe de vista llega dura, si aterrizo por allá de nuevo, antes debo volver a mi adorada Rio y al embrujo de Bahía, me voy a conocer ese barrio de Bixiga que no tuve el placer y la verdad que dan ganas después de esto. Quiero que sepas que me hiciste recordar Santa Teresa en Río...
    ¡Ah las noches en Brasil...! y en una gran ciudad son: ¡¡¡inolvidables!!!.
    Gracias de nuevo brother, como le fue a "O Comendador"

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  11. Rafa también conozco la linda Santa Teresa en Rio con sus atelier de pinturas y su acueducto de la Lapa, pero te aseguro que San Paulo es fabulosa.

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  12. Cómo no amar Sao Paulo después de tu poética descripción, y entiendo lo que dices. La ciudad que más amo después de esa otra "bañada por la tristeza y el azul," es Lisboa.

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  13. Julio Moracen Naranjo25 de enero de 2016, 15:11

    Amigon, yo que soy de aquí y de allá, que vivo en el camino, al leer, recordé nuestras caminadas sanpaulinas, muy bien, con acento y acento.

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  14. Maria Nilma Cechet25 de enero de 2016, 15:12

    Amei! Uma romântica descrição de uma aniversariante sem pausa. Abraço grande.

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  15. Ramon Ignacio Villavicencio26 de enero de 2016, 6:19

    Coño Javi...activar as saudades de SAMPA como que engurruña el corazón...
    Cuanto desandé por sus noches de bohemia y amores truncos... cuanto busqué en Ipiranga y São João lá música amanecida y cuanto esperé llegar el día en el bar de Esteban con Moracén y Pitre... Cuanta búsqueda entre Pinheiros y Vila Madalena y cuanta vida para contar de una megalópolis que amo...
    Gracias por darme la oportunidad de recordarla..

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