miércoles, 11 de septiembre de 2013

EL SECRETO DE LA CIRCUNCISIÓN



En esta ciudad paraíso de los ayeres, es inevitable recordar hechos que nos marcaron. Siempre que encontramos a amigos de aquellos años donde el azul aún abarcaba todos sus significados, volvemos inexorablemente a revivir esas anécdotas que en algún momento del exilio parecían olvidadas. 
Aquí como ya escribí en otras en ocasiones, reencontré hermanos que estaban perdidos entre el destierro y la ineludible desmemoria provocada por el perfecto oficio del tiempo - aunque esto parezca cruel - olvidar a veces es urgente para poder sobremorir el presente, otra forma de vivir.

Si a todo esto sumamos que ya estamos arribando al medio siglo de existencia, podemos entender que esas remembranzas son un antídoto contra el Alzheimer. Para los que aún dudan de esa afirmación les contaré una de las más extravagantes, que me la rescató en una de esas noches de ronda – no puedo librarme de los boleros – mi eterna amiga Yovana Martínez, quizás muchos no la reconozcan por el nombre, ya que quienes la conocemos de atrás - como decimos con toda malicia los cubanos – sabemos que ese no es su calificativo, para nosotros siempre será “La Gallina”, apodo que hasta hoy se justifica, pues continua siendo una de las mujeres más bella que habitan mi soledad.
Ella Cerrana al igual que yo, conoce casi todo mi pasado, como yo el suyo, por eso cuando nos vemos, caemos invariablemente en ese túnel de memorias que llevan las personas que ha vivido un poco más de lo imaginado. 

Entre risa y tragos me hizo recordar que más o menos en el año 85 o 86 – nunca he sido bueno con los números - del pasado siglo me sucedió algo casi surrealista, cosa no extraña en un país que vive de la imaginación – les aclaro que esta afirmación es literal – y ya sin más preámbulo les cuento lo sucedido.
Después de pasar toda la noche en el Festival Internacional de Jazz, que se celebraba en la Casa de la Cultura de Plaza, en calzada y 8. Este número parece emblemático para los cubanos, pues aquí esa calle es una de las más populares al igual que aquella otra. Nos fuimos un grupo de amigos para casa de una actriz, muy popular en aquellos tiempos, gracias a una serie televisiva de corte juvenil con fuerte carga ideológica – pero eso se escapa del tema – al irse todos los invitados, la anfitriona y yo no sabíamos qué hacer. Entonces optamos  por la más practicas de las soluciones, vamos a singar me dijo, yo que en aquel tiempo estaba más enfermo que ahora y también sin medicare me rendí a su pedido.

Hubiese sido una templeta normal a no ser por las consecuencias de la misma. Ella desprovista de toda civilidad o quizás con un hambre desproporcionar me mordió aquel miembro que podemos llamar de varias formas. Es en esta parte de la historia donde empieza mi odisea, les cuento esto para que se preparen para la tragicomedia.
Al despertarme e ir a orinar, me espanté con lo que sostenía mi mano derecha, nunca pensé que pudiese alcanzar tal tamaño y grosor. Era algo que se asemejaba a un destupidor de inodoros, estaba tan hinchada – ironía del idioma de nombrar femenino al más masculino de los miembros -  que había adquirido vida propia y se negaba a volver al calzoncillo, aunque no lo crean hasta un corazón que latía de forma más acelerada que lo normal le había nacido. Al aumentar las palpitaciones sentí que podría sufrir un paro cardiorrespingatorio, por eso y sin pensarlo dos veces, contradiciendo su voluntad de no regresar al calzón, fui a buscar ayuda con mi amiga y médica Vivian, que aún debía estar durmiendo, pues me abrió la puerta de pijama con ese letargo que deja el sueño segundos después de abandonarnos.

Como estaba desesperado no calculé las palabras ciertas para decirle lo que me pasaba, y simplemente le solté de sopetón: Me mordieron la pinga. Ella – Vivian – no el miembro agredido, pidió que le enseñase lo que en algún momento fue normal. Se espantó con la visión que descansaba en mi mano, y después de analizarla profesionalmente – no sean mal pensado – decidió que debíamos irnos a la Covadonga.
Al llegar al hospital, fue a buscar a unos médicos amigos suyos que trabajaban allí. Cuando les mostré lo que me quedaba, también dijeron que nunca habían visto algo parecido. Ante tanto asombro fui ingresado inmediatamente, empezando un tratamiento a base de sueros y penicilina, acompañados de curaciones diaria que dolían mucho, por la falta de colaboración del miembro que al parecer cada vez más le gustaba tener vida propia, y se negaba a quedarse quieto ante la generosidad de las enfermeras que se esmeraban en retirarme y volver colocar delicadamente las venda que habían convertido a mi falo en una copia casi perfecta de la momia Tutankamón. Tanta amabilidad en el manoseo de ese corazón anómalo hacían que se despertarse con solo ver la entrada en la sala de las mismas, provocándome una inmensa vergüenza, aplacada por la compresión de esas dignas profesionales de la salud que no se importaban con  el atrevimiento de mi nuevo corazón, y trataban de disminuir mi pena diciendo que eso era algo normal.

Si la memoria no me falla creo que me pase más de una semana en esa rutina, y que en ese tiempo desfilaron por el Hospital muchos amigos que por ya ser famosos, hicieron de mí o de él – recuerde que tenía vida independiente – el más popular de los pacientes.
Al salir del hospital busqué insistentemente a la carnívora pero parecía que la tierra se la hubiese tragado, hasta que la reencontré una noche de diciembre en el Festival del Nuevo – manía de los dictadores de negar el pasado - Cine Latinoamericano, en la piscina del Hotel Nacional, acompañada de Francis Ford Coppola, y de Eliseo Subiela.

Cuando me dirigí hacia ella, se horrorizó, y al percibir que era inevitable el encuentro me preguntó: Cómo estás, bien pero por favor la pinga no me la muerdas más, si tienes hambre avísame y te invito a comer. Coppola, sonrió con aquel gesto de los que no entienden nada, pero Subiela, que lo comprendió todo, miró al Sudeste.

24 comentarios:

  1. Jajajajajajaja fui a leer este post de mi socio Azuquita como siempre hago cuando publica algún escrito nuevo, y me sorprendió con esta historia, donde es tan cabrón que me menciona como "testiga" y "recordadora" de esta anécdota que conmocionó a Labana a finales de los 80 y donde además, todos desfilaron a ver "el miembro maltrecho de Azúcar"... Azuquita (Javier Iglesias) gracias por la frase de elogio hacia mí: "continua siendo una de las mujeres más bella que habitan mi soledad"... y gracias por esta anécdota que me hizo reír tanto que me hiciste la noche después de un día de conmociones, no todas agradables!! Vecinos del cibersolar, les dejo la anécdota de mi socio Azuquita!! Buenas noches!!

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  2. Que cosa más vacilable, brother. Me encantó el término "cardiorrespingatorio". Estaba en el estadio de los Marlins cuando leí tu blog y me reía solo en el press box y la gente me miraba como si estuviera loco

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  3. Socio, ya es hora de escribir la novela!

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  4. jajajajaja riendome a carcajadas, quizas pensaran que estoy loco, nos vemos pronto y espero escuchar mas de esta anécdota. saludos cordiales

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  5. anécdota para reir, jajaja que buena socio, espero visitarte pronto. saludos

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  6. Jajajajjjjj! Ay Azucar!!
    Saludos Yaima.

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  7. Jajajajaaaaaaa....ay!!!De eso no me enteré...Tu estás seguro que fué antes del 87?Esto está mejor que decirle a los policías que no llevabas medias porque eres artista!!!Un abrazo.

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  8. Jajajajajajajaaaaaaay!!!Esa anécdota está mejor que la del polícia que recibió la aclaración de que no llevabas medias porque eres artista...Tu estás seguro que fué antes del 87...y por qué no me enteré?!Me he partido de la risa con tu paro cardiorespingatorio!!!Eres el mejor Azuqui!!!Un abrazo.

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  9. Me reí con tu relato. Pienso que si le hubieras mostrado a Coppola y a Subiela el aparato herido, alguna coproduccion (mirando al norte)llevarian a cabo.

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  10. Magnífico Javi, me he reído como hacía tiempo, gracias hermano por el desenfado y la buena onda.

    Un abrazo LaPitu

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  11. Tenchy Hortensia Domínguez Tolón12 de septiembre de 2013, 15:04

    Todavía me estoy riendo, bueno ya pasó el susto, pero debes haberte sentido muy remal.

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  12. José M. Fernández Pequeño12 de septiembre de 2013, 15:05

    Buenísimo, asere. Y sí, tienes razón. A veces para seguir adelante es necesario olvidar.

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  13. El cardiorepingatorio jajajaja muy bueno Javier la unica vez que a mi se me desproporciono fue por hacerlo en la playa adentro del agua y el bikini al parecer hizo su estrago.

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  14. jaja, muy bueno, javie, abrazos.
    Sindo

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  15. Jajajajaja! Es terrible la historia, pero deliciosa... Jajajajajaja! Gracias!
    Lo puse en Twitter sin tu permiso... ABRAZO!

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  16. como siempre disfrutando al leerte..jajaja...terrible experiencia ...jajajajaja

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  17. Desternillado de la risa con tus cosas, Javi. Y el final es una joya, jajaja. Abrazo bother

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  18. Excelente para comenzar la semana sonriendo y alegre!!!

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  19. ¡Me he reído tanto!...

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