lunes, 8 de febrero de 2016

ENTRE LA PARED Y LA IMAGINACION


Soy de una generación que creció acompañada de vicisitudes, en un tiempo donde querían -aún quieren- imponerlo todo, incluso la felicidad.

El primero de mis sueños frustrados -increíblemente años después fue obligatorio- era tener una bicicleta, pero “Los Reyes Magos”, quizás se perdieron en el desierto de la política, y olvidaron a los niños de Cuba.

Entonces, apareció El Salvador de la Patria, con otra de sus aberrantes ideas. Decidió cambiar el tradicional día de “Los Reyes” para otra fecha bien distante de la religión y con un nuevo nombre más adecuado a los ideológicos tiempos que hasta hoy perduran. Donde la única opción para sobrevivir era ser a favor o irse para aquel lugar desde el que Rodrigo de Triana gritó mierda -perdón quise decir tierra-

Inventó que los niños -no sus hijos- por supuesto merecían solamente tres juguetes: el básico, el no básico y el dirigido, y que el orden debía decidirse en un sorteo anual, para según él ser lo más democrático posible. Cómo explicar esa aberración a un niño que simplemente quería su soñado juguete. Creo que fue en esa edad, donde empezó la envidia, y chivatería que acompañaría a muchos de los que crecieron en medio a la desolación de los deseos.

Cómo pueden imaginar el simple hecho de estar vivo ya es más que una virtud. Llegar hasta aquí no ha sido fácil, para evadir la miseria -no solo material- que me acompañó desde el nacimiento, recurrí a los libros y al cine. Los libros, en algún momento que se escapa de esta historia me trajeron serios problemas. El cine también me ocasionó otros problemas menos complicados que la literatura, y más cercano a la medicina.


Recuerdo que la primera vez que mi abuela me llevó a un psicólogo fue días después de ver la película francesa “El Tulipán Negro, protagonizada por Alain Delon. El entonces considerado hombre más lindo del mundo, hacia dos papeles: El del Tulipán, y el de su hermano gemelo. Cuando el verdadero Tulipán es capturado y ahorcado, su hermano toma su lugar y sigue repartiendo con los pobres lo que le robaba a los ricos.

En la ingenua imaginación de los niños del Canal del Cerro, todos queríamos ser igual al Tulipán -era más divertido que ser como el Che- Pero Yo, no podía parecerme a los demás, después de inventar una espada de palo y una capa de saco de azúcar -regalo de Rafaela- que trabajaba en la fábrica de guayaba al lado de mi casa. Nadie podría decirme que no era el mismísimo Tulipán Negro. No veía la hora de salir de la escuela para poder vestir mi indumentaria de héroe y repartir mortales estocadas contra los que se negaban a compartir sus riquezas con los menos favorecidos.

Mi certeza absoluta de ser la reencarnación del Alain Delon tropical me llevó al extremo de un día casi morir -literalmente- Había cortado un pedazo de sábana y con él me ahorqué en la ventana de mi cuarto para demostrarles a mis amigos quién era el verdadero vengador. Por suerte mi abuela apareció cuando ya estaba casi morado por la falta de aire, corrió hasta la sala y con una tijera, y contra mi voluntad cortó la sábana. Al otro día me llevó a mi primera consulta con el psicólogo.   

Una mujer de bata blanca- creo que en complicidad con mi abuela- quería convencerme de que Yo no era el Tulipán Negro, pero ni ella ni mi abuela lo consiguieron, a pesar del castigo que me impusieron por cortar la única sábana que tenía. 


La duda sobre mi verdadera personalidad -era eso lo que creía en esa época- surgió con una película japonesa llamada “Latitud Cero”. En ella a un león, unos científicos le implantan un par de alas con las cual podía expandir su dominio más allá de la selva, desde ese instante seria el “El Rey del Cielo y la Tierra”. Ese hecho puso en duda mi capacidad de Tulipán Negro poder competir con tal monstruo, por lo cual preferí mantenerme el mayor tiempo posible dentro de casa, aunque para eso tuviese que inventar mil pretextos. Al tercer día de no ir a la escuela, ya no sabía qué hacer para justificar mi actitud. Entonces mi abuela me puso entre la pared y la imaginación, y me obligo a confesar el verdadero motivo por el cual no quería salir de casa.  


_ Lo que pasa es que no quiero que el león me cagué en la cabeza
_ Qué león estás loco
- El de “Latitud Cero”
- Qué “Latitud Cero” ni un carajo, ahora mismo te viste y vas para la escuela.

El trayecto de mi casa a la escuela, lo recuerdo como la mayor pesadilla que sufrí cuando niño. Al día siguiente, volví a reencontrarme con aquella mujer de bata blanca -colaboradora de mi abuela- Que insistía en que los leones no vuelan, quizás ella no habría visto la película o su imaginación de adulto -la que nunca me ha habitado- la impedía de ver la realidad.

Después de todo lo que les he contado ya deben imaginar que soy de una casta que además de lo que ya saben, nos inundaron con una programación del extinto campo socialista. Quién no recuerda los muñequitos rusos de palos tan lejanos de nuestra idiosincrasia.

Entonces, no me pregunten por qué gran parte de los que nacimos en esos años, somos tildados de personas no-normales. Ya es suficiente como dije al inicio haber llegado vivo hasta aquí. No nos exigían lo imposible.  

16 comentarios:

  1. Que gusto infinito leerte.. Javier, aunque debo decir no me acostumbro a ese nombre, me has remontado a Latitud Cero ! a la Ferretería donde coincidiamos a recoger los juguetes depues del insulto del bombo y los dias... No se debe olvidar para no cometer los mismo errores.. y tu, que tienes esa facultad de narrar tan especial, hazlo siempre. Me encantó

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  2. Cómo espero quque escribas!!!....Si, Camino que teansito una generación.

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  3. Cómo espero quque escribas!!!....Si, Camino que teansito una generación.

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  4. Gran entrada Javier, “Los Reyes Magos” olvidaron a los niños de Cuba... me mataste.

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  5. Estupendo, flaquito!

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  6. Maria Nilma Cechet8 de febrero de 2016, 9:24

    Ai. Dói a alma. Abraço bemmmmmmmmmm apertado.

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  7. Ana Fajardo Curbelo8 de febrero de 2016, 9:34

    Cuantos recuerdos, Javier! Yo me creía la novia del Tulipán Negro, nunca corrí el riesgo que tú. Excelente escrito!

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  8. Cleo Valdes Argudin8 de febrero de 2016, 10:01

    Ay Javier cuantos recuerdos desempolvados.Yo también quise una bici, y of course no la tuve, siempre me tocaba el 3-4 dia...me debia conformar con el juego de yaquis, la suiza y alguna muneca pelandruja que nadie habia querido.

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  9. Ay Azuqui, como me has hecho reir con tu cuento del tulipán y la sábana! También eso de que Los Reyes Magos se perdieron en el desierto de la política y nos olvidaron...me encanta cómo redactas!!!Yo también tuve mi sueño: Un cochecito de muñecas. Nunca lo tuve, primero eran los molotes y después el jodío sorteo que nunca me tocó; pero la bici la logré a los once porque mi papá era machetero de la zafra de los 10 Millones...y me pegué la cola y la espera. Ya para esa época andaban Los Reyes Magos en Belén con los Pastores y no me ilusionaban....pero hasta los 6 años estuvieron pasando por mi casa a comerse mi cake, fumarse el tabaco y darse el traguito de buén Matusalem y a dejarme de recompensa mis soñados juguetes. Es que yo nací un poquito antes, en el 58!

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  10. Yo tuve una bicicleta comprada por mi madre a alguien que se iba del país, y la única vez que la monté me caí, me partí la cabeza, perdí el conocimiento y cogí tremendo trauma con las bicis. Tuve coche, pero mi sueño eran aquellas casitas de muñeca en miniatura que luego volaban en los diez primeros números. Pero tuve mucha suerte, heredé muchos juguetes de mi madre y tenía maravillas, "cosas de antes" que no se vieron más.

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  11. Carmen Amalia Nunez8 de febrero de 2016, 10:57

    La escritura es la pintura de la voz . Voltaire
    La pluma es la lengua del alma. Miguel de Cervantes
    Me gusta leer siempre "tu alma pintada "

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  12. Yo era la princesa encantada de la espada del sol ...,tenia hasta la cinta del pelo jajajaajajaja era mi favorita

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  13. Vladimir Crabb Torres8 de febrero de 2016, 12:57

    Gracias por estas terapias, gracias por tanto humor, gracias bardo por tanta buena prosa.

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  14. Gracias por compartir, muy bueno

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  15. Maria Ileana Faguaga Iglesias13 de febrero de 2016, 17:44

    De Javier Iglesias, escritor cubano.Delícia para nuestra generacion.História para otras.Eso, a través de lá literatura.

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